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Desearía haberlo sabido

Michaela Scott, CFP, MSFS

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La identidad de mi cliente fue robada después de que falleció.

Susan y Rick fueron novios desde la secundaria. Los conocí cuando se estaban dando un tiempo. Me enteré de que Rick estuvo al lado de Susan durante su lucha contra el cáncer de mama, cuando su hija tenía 11 años y su hijo 9.

Cuando me reuní con ellos, admitieron sentirse culpables por no obligarse a prepararse para lo inesperado, pero estaban agradecidos de poder tomar decisiones en ese momento.

Hablaron de quién sería el tutor de sus hijos y de quién tomaría las decisiones médicas por ellos en caso de encontrarse indispuestos. Hablamos sobre cuál sería el mejor momento para modificar el seguro de vida temporal de Susan y empezamos a hacer los trámites para que Rick obtuviera el beneficio por fallecimiento adecuado vigente en ese momento. Debatimos cuánto era necesario ahorrar para el retiro y si eso les dejaba algo para ayudar en el pago de la universidad de los hijos.

Con el paso de los años, las finanzas se estabilizaron y la angustia provocada por sus circunstancias anteriores, afortunadamente, se disipó. Cuando recibí un breve correo de voz de Susan, le regresé la llamada, en parte, preparada para convencerla de gastar más del dinero que estaban ahorrando para el viaje con motivo de su aniversario. En lugar de ello, me dijo que Rick había fallecido en un accidente automovilístico.

Nos sentamos a la mesa de su cocina. Liquidamos los siniestros y actualizamos sus beneficiarios. Hablamos acerca de cómo no tendría cargas financieras. Actualizamos su documentación legal.

Salí de ahí con la sensación de que lo habíamos cubierto todo. Sin embargo, meses después, Susan me llamó. Alguien había robado la identidad de Rick después de que falleció.

Justo cuando dejaron de llegar las tarjetas dándole el pésame, empezó a recibir estados de cuenta de una tarjeta de crédito en su correo con el nombre de él. Comenzó a recibir recibos y se llenó una solicitud fraudulenta de devolución de impuestos a su nombre.

Me molestó saber que todo esto era bastante común. Se trata de la delincuencia de cuello blanco que crece con más rapidez en los Estados Unidos; a más de 2,000 personas al día les roban su identidad después de fallecer.

Desearía haberlo sabido para decirle a Susan lo siguiente:

  • No pongas la edad y otra información personal de identificación, como el nombre de soltera de su madre, en el obituario
  • Informa la muerte de Rick a la oficina de Seguridad Social
  • Da de baja su licencia de conducir para evitar que se hagan duplicados
  • Revisa su reporte crediticio
  • Pide a todas las oficinas que emiten reportes crediticios que pongan un “aviso de fallecimiento”

Todo lo demás lo hicimos bien, pero simplemente no sabía de esto. Tomen en cuenta estos pasos la próxima vez que fallezca un cliente. Depende de nosotros esforzarnos para asegurarnos de que esto no le suceda a otros.

Michaela Scott es miembro MDRT desde hace cinco años de Methuen, Massachusetts.

Contacto: Michaela Scott mscott@borislow.com

 

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