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El regalo continuo de un subsidio

Matt Pais

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Krueger usa la empatía, la experiencia personal y la ayuda por parte de la Fundación MDRT para ayudar a otros.

Terri E. Krueger quien está encargada de la tarea de repartir los condimentos mientras trabaja como voluntaria en Rescue Mission de Siracusa, se siente conmovida cuando después de que las hamburguesas y los hot dogs se terminan, todo mundo todavía pregunta si se pueden llevar los pequeños paquetes de cátsup y mayonesa.

MDRT Foundation

“Casi todos los que se formaron no alcanzaron nada”, dijo la miembro MDRT desde hace cuatro años de Siracusa, Nueva York, quien ayudó a conseguir el subsidio de Calidad de Vida de $5,000 USD por parte de la Fundación MDRT para la organización que trabaja para combatir el hambre y la indigencia. “Así que se llevaron mostaza y mayonesa y sintieron que no se iban con las manos vacías”.

“Con frecuencia decimos que, si alguna vez te quejas de algo en tu vida, deberías venir conmigo y servir una comida. Te sentirás humilde y te dará pena haberte quejado alguna vez”.

Krueger ha donado su tiempo y recursos a la organización Rescue Mission de Siracusa desde que tenía 20 años, cuando donó ropa que le habían regalado para su hija a quien tuvo cuando tenía 18 años. En aquella época, había comprado una lata de atún y había logrado que le durara un par de días. Nos quedaríamos cortos al decir que su vida está llena de contrastes extremos.

Ella nació en una familia acaudalada, vivió en una casa linda, en una buena zona y fue a una de las mejores escuelas del distrito. Su vida como adulta se ha destacado por tener éxito profesional, servicio como voluntaria y estabilidad con su esposo y sus tres hijos. Sin embargo, en medio de estas dos etapas, aproximadamente de los 10 a los 18 años de edad, Krueger no contaba con seguridad ni estabilidad.

Todo comenzó aproximadamente a la edad de 10 años cuando su madre sobrevivió a un aneurisma cerebral que, sin embargo, la dejó como describe Krueger en “un estado infantil muy violento”, que provocó que su padre se volviera alcohólico y la sometió a abuso por parte de ambos padres. Desde los 13 y hasta los 16 años, Krueger vivió con su tía quien luchaba por cuidar de ella.

Krueger regresó a vivir con su padre y el abuso continuó, lo que obligó a Krueger a pasar los siguientes años viviendo temporalmente con amigos, los miembros de su familia abusiva y su novio quien también era abusivo.

Sin que sus amigos le ayudaran, Krueger, quien pudo obtener un lugar para vivir y se convirtió en coordinadora de cajeros de un banco a la edad de 19 años, sabe que hubiera tenido que buscar ayuda de la organización Rescue Mission. Se trata de una perspectiva sobre la indigencia que ella sabe que muchos no tienen.

“No todos son personas con enfermedades mentales o criminales”, dijo. “Se trató de un conjunto de circunstancias que fueron trágicas y que me llevaron a una situación en la que no contaba con recursos ni con la habilidad para resolverla”.

Al mirar atrás y darse cuenta de cómo superó la adversidad, también sabe que una conversación puede cambiar tu vida.

Krueger, quien siempre fue pequeña para su edad y a quien le faltaba confianza, mantenía la cabeza baja y, al no hablar mucho en la preparatoria, su autoestima se volvió todavía más baja debido al abuso que sufría en su hogar. Un día, el profesor de inglés de Krueger se acercó a su escritorio y le dijo a la clase que todos los demás deberían tratar de ser como ella.

“Porque yo era la naranja en un árbol de manzanas y todos deberíamos luchar por ser esa naranja”, dijo. “Eso realmente transformó la manera en la que me veía a mí misma: ‘soy diferente y eso es algo bueno’. Me tomó algo de tiempo, pero dejé de caminar con la mirada en mis zapatos, empecé a caminar con un poco más de confianza e hice amigos gracias a ese impulso”.

Años más tarde, Krueger empezó a asesorar a otras mujeres que han sufrido de abuso. Gracias a que Krueger las escucha y comparte su propia historia de recuperación, muchas mujeres le han dicho que la conversación que tuvieron con ella les cambió todo.

Evidentemente, Krueger ha pasado muchos años trabajando para conseguir el cambio. Se pasó cinco años trabajando como defensora de niños asignada por la corte haciéndose cargo de 10 casos para determinar si los niños víctimas de abuso o descuido debían ser alejados de sus padres.

En los últimos siete años, el trabajo de Krueger en la organización Recue Mission de Siracusa ha incluido un lugar en los comités de eventos especiales y trabajar en la expansión del Centro de Servicios Alimenticios. Todo tiene que ver con valorar las circunstancias especiales y desafíos de las personas.

Con frecuencia, a Krueger se le puede encontrar sirviendo comidas para los clientes de Rescue Mission.

“En Recue Mission se aprende con mucha rapidez a tratar a todos con dignidad”, dijo.

Esa mentalidad, comenta Krueger, le ha cambiado toda su vida, no solo en su papel como asesora, sino simplemente en la forma en la que ve a las personas. Compara esto con la diferencia entre tener un enfoque obsoleto de simplemente culpar a un niño por lo que ha hecho o aplicar esfuerzos mejor informados para comprender lo que motiva ese comportamiento.

O cuando alguien maneja mal, “la mayoría de nosotros le grita al vehículo enfrente de nosotros”, dijo Krueger. “Pero creo que por mi trabajo en Rescue Mission, veo el vehículo y me pregunto si, ‘la persona que va manejando estará bien’.

“Si me adelanto y me doy cuenta de que la persona que va manejando está hablando por teléfono, me enojo mucho”, agrega entre risas. “Pero mi primera reacción no es, ‘Ah, ¡qué idiota!’ Más bien es ‘¿Estás bien?’”

Contacto: Terri Krueger treillynw@gmail.com

 

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