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¿Y si fuese tu hijo?

Matt Parker

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Alarmado por la existencia y frecuencia de la trata humana, los fundadores de The Exodus Road, Matt y Laura Parker se mudaron al Sudeste de Asia, donde Matt Parker pronto se convirtió en investigador encubierto para detener esta práctica. En esta sesión, compartirá su experiencia de haber visitado como investigador encubierto más de 2,000 burdeles en cuatro continentes, y su trabajo con The Exodus Road, que ya ha rescatado a casi 1000 víctimas de la trata humana.

Es maravilloso estar aquí en MDRT. Me presento ante ustedes para informarles que tenemos un problema: la trata de personas. Es un asunto global de tal magnitud, que la Organización Internacional del Trabajo de las Naciones Unidas calcula que hay más de 40 millones de esclavos en esta era moderna. ¡Cuarenta millones es una cifra abrumadora! Entonces, ¿cómo es que vamos a poder solucionar este problema?

Antes de contestar esa pregunta, permítanme darles una idea de lo que es la trata de personas. Se trata del uso de la fuerza, el fraude o la coerción para fines de explotación. De hecho, se asemeja mucho a un secuestro. Todos hemos escuchado lo que es un secuestro, pero esto es secuestrar con el fin de vender a las personas –una y otra vez. Algo que vemos constantemente en The Exodus Road, es el uso de las mentiras a quienes se encuentran desesperados y en situación de pobreza extrema. El fraude comienza al prometerles que hay una excelente oportunidad de empleo justo cruzando la frontera, o a tres ciudades de distancia. Entonces, el adolescente ingenuo, que no sospecha nada, o el hombre o la mujer, que tienen tanta necesidad, se suben a un autobús o al avión –gasto que de hecho no pueden solventar por su propia cuenta– y una vez que llegan al famoso y prometido empleo, descubren el fraude, y han quedado atrapados. No existe tal empleo, ni tal dinero, y triste y ciertamente, tampoco hay una salida. La verdad es que se les vende a algún grupo de prostitución, o a algún barco camaronero, o a una corporación que nunca les va a pagar lo que se les había prometido. Y esto está pasando en todo el mundo, aquí en los Estados Unidos, aquí en California.

Les voy a pedir que se tomen unos segundos para imaginar que son ustedes los que se encuentran en esa situación. En condición desesperada de extrema pobreza, necesitas alimentar a tu familia, necesitas un empleo, y alguien te ofrece la oportunidad de alcanzar tus sueños. Te vas tras de ella, y al llegar, no solamente resulta ser una falsa promesa, sino que ni siquiera hablas el idioma local, no tienes a quien acudir, te amenazan, o amenazan a la persona a tu lado si intentas huir. Con tanta frecuencia se nos olvida lo maravillosa que es la vida para algunos de nosotros, y lo terrible que puede ser para otros; y vivimos cómoda y cotidianamente, sin preocuparnos más que de lo nuestro, e incluso pasamos justo al lado de las personas que tanto nos necesitan.

En el año 2011, mi esposa Laura y yo nos mudamos al sureste de Asia con nuestros tres hijos; tenemos dos hijas y un hijo, de 10, 12 y 14 años de edad. Amo a mis hijos. Amo a todos los niños, así que me fui con mi familia para administrar un hogar para niños en el norte de Tailandia; es un hogar para 48 niñas de las aldeas y comunidades en la frontera con Burma o Myanmar. Durante ese tiempo, escuchamos un rumor que andaba en la comunidad de que unos corredores –hombres– estaban yendo a estas aldeas para reclutar y ofrecer empleo, pero solamente a las niñas bonitas. Esto en verdad me causó gran desasosiego, al grado que decidí ir a las aldeas para entrevistar a los líderes comunitarios. Les pregunté: “¿En verdad esto está pasando? ¿Es cierto este rumor?” y todos categóricamente me contestaron: “, esto pasa todo el tiempo”.

Éste fue el problema que pude detectar – la trata de personas se estaba llevando a cabo de una manera sistemática. Esos hombres se estaban llevando a las muchachitas bonitas de las aldeas y les prometían empleos en restaurantes o en un salón de masajes en Bangkok, pero estas pobres inocentes, al llegar a Bangkok se daban cuenta de que iban a ser vendidas para fines de prostitución. Así que comencé a trabajar con las autoridades de la ley sobre este rumor, compartiendo lo que iba aprendiendo, y me invitaron a que fuera su consultor. Me pasé un año investigando la trata de personas en el sureste de Asia: qué estaban haciendo las autoridades, qué funcionaba, qué no, por qué no funcionaba. Fue entonces que recibí una llamada que cambiaría mi vida: Se sospechaba que uno de estos traficantes estaba vendiendo niñas en Bangkok, y se me pidió que fuera de incógnito como cliente –comprador– bajo el disfraz de turista sexual. Mi tarea era enterarme si en verdad estas chicas estaban siendo vendidas. Acepté la misión, y tres días después, ya estaba de incógnito en Patpong, el distrito rojo más antiguo y más grande de Bangkok. Así me veía: [visual]. Podrán imaginarse la indescriptible sobrecarga sensorial: las luces, la gente jalándote, drogas en venta, mujeres siendo vendidas, varoncitos también en venta. Fue abrumador; me desestabilizó.

Entré a uno de los burdeles y me senté al lado de una niñita llamada Belle, que traía un número en su camisa. Porque, verán, no tienen que hablar el mismo idioma de la niña. Simplemente escoges el número de la muchachita bonita con la que quieres tener sexo. Ni siquiera tienes que decirles una sola palabra, y te cuesta solamente $40. Por esa cantidad, puedes pasar una hora o dos con una chica y hacer lo que te dé la gana. Y a estas niñas se les obliga a tener sexo con hasta 10 hombres al día.

Hay mucho de malo con todo esto, pero aquí les va el verdadero problema: Esto no es prostitución. Éstas no son participantes interesadas o conscientes. Éstas son criaturas, víctimas de la pobreza, que son engañadas, vendidas y atrapadas en una situación en donde no tienen permiso de conservar ni ese dinero, ni mucho menos su virginidad y dignidad. Regresé de esa primera experiencia como agente secreto, y me senté a platicar con mi esposa, abrumado y quebrantado. Le dije que lo más difícil que había tenido que hacer en mi vida había sido dejar a Bell en ese burdel. La había tomado de la mano, y le había escuchado expresar cuánto odiaba lo que estaba haciendo y que por ser pobre no tenía salida. Le dije a Laura: “Si algo les pasara a nuestros niños, a quienes amo más que a mi vida, haría hasta lo imposible para protegerlos. Pero si yo fuera un pobre agricultor en las aldeas del norte, y tuviéramos cinco hijos y no tuviera manera de alimentarlos, mandaríamos a uno de ellos a trabajar a Bangkok, con la esperanza de un mejor empleo. Eso no es un mal deseo como padre. Pero, si como padre, fuera engañado, y luego me enterara de que había mandado a mi chiquita a Bangkok para que por el lucro la estuvieran violando 10 veces al día, ¿Qué no haría para regresarla a casa?”

El problema es que los agricultores pobres no tienen un iPhone. Los agricultores pobres no tienen un vehículo. No cuentan con equipos de gente que pueden y rescatar a quien sea. Miré a Laura, y le dije: “Creo que nosotros tendremos que hacer esto. No quiero vivir en un mundo en donde la gente es vendida, ni quiero dejarles ese mundo a nuestros hijos. Tengo que entrarle de lleno”. Y ella estuvo de acuerdo conmigo. Así que me convertí en investigador encubierto de crímenes de tráfico de personas, y durante los últimos siete años, he estado en más de 2,000 burdeles, en cuatro continentes. Pero yo nunca quise ser el héroe, por lo que construimos una máquina llamada The Exodus Road: La Ruta del Éxodo.

Desde ese día, hemos contratado a 63 investigadores, y operamos en seis países. Hemos rescatado a casi 1,000 víctimas de la trata de personas –hombres y mujeres, niños y niñas. Hoy, estoy aquí ante ustedes, porque en verdad creo que la solución al tráfico de personas no es Matt Parker. Ni siquiera es The Exodus Road, por lo menos no es toda la solución. Esta solución también se encuentra en ustedes, presentes en esta sala. Ustedes tienen un poder asombroso. Tienen dinero, pero además tienen una voz, y tienen influencia. Juntos, podremos hacer tantísimo para cambiar radicalmente el rostro de la trata de personas en éstos nuestros tiempos.

En The Exodus Road, juntamos estas piedras. Ésta es una simple piedra de río. [visual] Para cada persona, niña o niño, hombre o mujer que rescatamos, escribimos su nombre en una piedra. Ustedes pudieron ver esto en el video que mostramos al principio. Escribimos su nombre y la fecha en que los rescatamos, y el equipo de investigación que los extrajo. ¿Por qué? Porque 40 millones es una cifra abrumadora, difícil de captar o entender. Y los males sociales de tal magnitud tienden a paralizarnos, ¿O no? El problema es tan grande, que no hacemos nada. Pero cuando lo reducimos a uno –a un muchachito, a una muchachita– se puede de hecho sentir cuánto importa cada uno de ellos: cada muchachito, cada muchachita, cada criatura. Cada uno de ellos es el hijo o la hija, el hermano o la hermana de alguien, futuro esposo y padre, futura esposa y madre. Y cada uno de ellos tiene un valor inmensurable.

Quiero pedirles, a cada uno de ustedes, que elijan conmigo no vivir en un mundo donde la esclavitud es algo que se considera “OK”. Entonces, ¿cómo la combatimos? Lo hacemos una vida a la vez, un caso a la vez, día tras día, tras día.

Es importante recordarles que la trata de personas, la trata de blancas, la trata humana, como lo queramos llamar, es un problema global. No sucede solamente en Asia. Ahí es donde me inicié, pero The Exodus Road trabaja también aquí en los Estados Unidos. Estamos rescatando en todo el mundo, y necesitamos ayuda para poder seguir haciendo esto posible, y para darle expansión al rescate que podemos ofrecer a aquellos que tan desesperadamente lo necesitan.

Así que ahora en este momento, quiero pedirles que se unan a nuestra obra al visitar el módulo de la Fundación MDRT y ofrezcan su contribución a The Exodus Road para que podamos traer más rescate al mundo. También quiero pedirles que asistan a mi sesión llamada Operation TrafficWatch, más tarde hoy, en donde les enseñaré cómo identificar este tráfico y sus víctimas en sus propias comunidades. Su participación y ayuda financiera significarán la libertad para alguien, se los prometo.

Parker

Matt Parker, su esposa, Laura y sus hijos se mudaron a Tailandia para trabajar en un hogar para niñas marginadas en 2010. Estado ahí, entró en relaciones con la policía local para investigar la problemática de la trata de personas. En 2012, Matt y Laura lanzaron The Exodus Road, una organización de beneficencia de 2 millones USD, que han sido de gran apoyo en las operaciones de rescate de casi 850 sobrevivientes de la trata humana y contribuido al arresto de más de 300 perpetradores. Operan en múltiples países, equipando a las comunidades locales y usando tecnología avanzada para luchar contra la esclavitud sistemática.

 

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