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La promesa

Jason Hewlett

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Hay una gran diferencia entre una meta y una promesa. Cuando cumples una promesa, ganas confianza. En esta dinámica presentación, llena de imitaciones de cantantes legendarios, Hewlett aborda los valores de tener un movimiento firma, y cómo hacerte presente solidifica las relaciones con las personas más importantes en tu vida.

La pregunta con la que quisiera empezar es ésta: ¿Por qué nos fijamos metas cuando en su lugar podemos hacer una promesa? Aunque con esto no digo que las metas no sean importantes, porque obviamente lo son. Pero las metas son elementos particulares, mientras que las promesas son proclamaciones. Y realmente, cuando pensamos en metas, si nos fijamos una meta y no la logramos cumplir, normalmente esto no es algo de vida o muerte, sino que simplemente nos fijamos una nueva meta. Pero si hacemos una promesa y no la cumplimos, entonces sí que estamos en serios problemas, y se pueden afectar nuestros negocios, se pueden afectar nuestras relaciones. En verdad creo que promesa es la palabra más importante que podemos considerar en nuestra vida, en nuestros negocios –incluso pienso que tiene más poder que la palabra confianza; porque cuando hablamos de confianza, ésta se deriva de las promesas que hemos cumplido.

Así que cuando hablamos de las grandes promesas hechas, me viene a la mente esta sala llena de miembros de MDRT. Los felicito por estar aquí, porque ustedes son excelentes artistas: performers. Eso es lo que son en realidad. Y cuando vemos un espectáculo o show, no podemos más que pensar en las grandes leyendas de antaño. Permítanme transportarlos a los inicios de mi carrera artística, cuando hacía imitaciones en Las Vegas al estilo de las inolvidables leyendas de todos los tiempos. Éstos eran los grandes prometedores, y en verdad cumplían. Así que, espero que estén listos para divertirse con Frankie Valli y las Cuatro Estaciones. Va más o menos así: ¿Listos?

(Canción)

¿Los recuerdan? (Aplauso)

Y claro, por supuesto, no solamente se trata de los llamados “Chicos de Jersey”. Había tantas leyendas, que es difícil seleccionar cuáles les quiero presentar hoy. Pero porque amo a esa ciudad a la que llaman Detroit, vamos con algo de Motown, porque esa música en verdad me movió. De niño, cuando escuchábamos esta música, yo preguntaba: “Mamá, ¿qué es lo que le está pasando a mi pierna?” Y ella me decía: “Simplemente deja que ella te mueva, hijito.” Espero que se acuerden de The Temptations, porque aquí están:

(Canción)

(Aplauso)

Y ahora, ¡Diana Ross y Las Supremes! ¿Si se acuerdan del pasito? Así va. Voy a necesitar su ayuda, ¿eh?

(Canción)

Bueno, bueno, simplemente usen su imaginación. Cuesta un ‘poquito’ de trabajo, lo sé.

(Canción)

OK, ahora ayúdenme.

(Canción)

(Aplauso)

Y nomás les aviso, se me olvidaron los lentes, pero ahí va más o menos. ¡Vamos! ¡Juntas esas palmas!

(Canción)

¡Stevie Wonder!

Éstas son algunas de las famosas leyendas de todos los tiempos, ¿no es cierto? Cuando pensamos en sus pasos y movimientos, aquellos tan singulares que los llevaron a la fama, nos damos cuenta de que, en realidad, lo que estaban haciendo era cumplir con una promesa cada vez que salían al escenario. Ellos hacían algo único, lo cual nosotros queríamos ver. Queríamos ver esa canción tan suya, escuchar esa voz tan suya, seguir esos pasos tan suyos. Queríamos ver a Diana Ross haciendo esto: [visual], o a The Temptations con su pasito. Y ni siquiera tengo que tararear la melodía, simplemente les digo: “¿Quién soy?” Y ustedes inmediatamente saben que se trata de Stevie Wonder, ¿o no?

Entonces, la pregunta es: ¿cuál es ese pasito, ese movimiento exclusivamente tuyo? ¿Cómo puedes ponerte de pie en un mundo que permanece sentado? Porque cuando hablamos de promesa, ésta en realidad se reduce a tres elementos: el primer elemento es nuestra audiencia, nuestro público que nos escucha. Si nos consideramos artistas, entonces todos tenemos un público, es decir, nuestros clientes, aquellos a quienes les vendemos algo. Aquellos que queremos que se conviertan en nuestro fan número uno.

Después, por supuesto, viene la familia. Y no solamente la que tenemos en casa, sino nuestra familia del trabajo, aquellos por quienes nos preocupamos y en quien confiamos. Y, por último, el principal elemento: ese ser único por naturaleza. De eso hablaremos más adelante. Pero primero quiero que piensen y traten un poco en adivinar cuál va a ser ese elemento único, al ir pasando por esta presentación.

Bueno, comencemos con el público. ¿Quién es tu público? ¿Qué tipos de promesas les estás haciendo, y cuáles promesas ni siquiera te das cuenta haberlas hecho, y si no las cumplieras, podrías perder oportunidades de negocio? Les comparto una historia de su propia industria. Se trata de un hombre que ingresó a la Universidad de Utah, y tenía que decidir entre estudiar leyes o medicina. Eventualmente, se casó, y comenzó a trabajar medio tiempo vendiendo seguros de vida. Descubrió que era bueno para eso. Ésta es una industria en la que a la mayoría de la gente que le entra le cuesta trabajo triunfar. Pero este hombre la pudo hacer, al igual que tantos de ustedes.

Resulta que se dio cuenta de que después de un tiempo, estaba ganando más dinero que su profesor. Y se dijo a sí mismo, cuando le faltaban apenas unos meses para graduarse, “¿Por qué sigo aquí? Podría ser vendedor de seguros.” Y es que su padre lo había intentado antes que él, sin mucho éxito. Así que el llegar a su casa y decirle a la esposa “Voy a intentar esto, lo voy a hacer,” significaba un riesgo considerable. Sin embargo, salió adelante, y al hacerlo, creó sus propios pasos, su movimiento característico: jugar golf con cada uno de sus clientes. Los llevaba a los juegos de Utah Jazz , y eran asientos de primera fila. Así lo hizo durante 20 años. Llegó a darse a conocer como la persona con quien todo mundo quería estar y a quien querían referir a sus clientes. Este hombre hizo una tremenda diferencia en la vida de mucha gente porque entendía la importancia de un seguro y que los negocios se basan en las relaciones. Su público era su cartera de clientes.

Parecía casi un chiste de familia. Cuando regresaba a casa, todos se preguntaban ¿Cuál estatuilla, cuál espada de Excalibur va a traer ahora? Porque él era miembro de la Mesa Redonda del Millón de Dólares. Y él, es mi padre: John Hewlett. Le rindo tributo por su increíble carrera en la industria que ustedes representan. Y bueno, yo nunca logré llegar a donde ustedes están sentados hoy, aunque a él le hubiera gustado. Él quería que yo fuera vendedor de seguros, pero reprobé el examen. Y le dije: “Creo que yo debo estar en un escenario”. Así que, en vez de estar sentado ahí con ustedes, doy gracias por haber encontrado mi lugar.

Eventualmente, mi padre encontró una nueva carrera en la industria de la salud y el bienestar. La ha tomado de lleno y todo va viento en popa. Estoy muy orgulloso de ese hombre. Y ese movimiento característico, tan suyo, es increíble. La gente todavía me dice: “Recuerdo cuando íbamos a jugar golf”. Para ellos, él es un artista legendario.

Quisiera que ustedes también pensaran, ya que estamos hablando de artistas legendarios, en aquellos grandes que se nos han ido. Saben, recientemente perdimos a Prince, a David Bowie y a Tom Petty, tipos maravillosos. Quisiera referirme a otro tipo maravilloso, de nombre Michael Jackson, quien sigue siendo una leyenda en nuestras mentes. Ahora, digamos que, si ustedes fueran a un concierto de Michael Jackson por ahí de 1990, habría un movimiento característico, un paso especial, que ustedes esperarían ver. ¿Cuál es?

El público contesta: “Moonwalk”.

¿Qué pasaría si ustedes fueran a su concierto y no hiciera éste su paso tradicional? Se sentirían decepcionados, ¿verdad? Aunque el concierto hubiera estado excelente. Porque se trataba de Michael Jackson. Pero él nunca saldría a un escenario sin hacer aquello por lo que se hizo famoso y que le salía tan bien. Era la razón por la cual su público siempre regresaba. Quisiera mostrarles lo que pasaría si no hubiera cumplido con su promesa, y cómo se sentirían ustedes, como público, desilusionados, sintiendo que algo les faltaba, aunque el concierto hubiera estado muy bueno.

(Canción)

Vamos, cantemos juntos.

(Canción)

Muy bueno, aunque no suficiente, ¿verdad? A ustedes les hubiera gustado ver el show completo. [baila como Michael Jackson]

[Imitando a Michael Jackson] Gracias. [voz normal] Michael Jackson.

Qué artista tan legendario. Pero es porque cada vez que salía a escena, hacía una promesa, y la cumplía. Y cuando vas a un concierto, y te emocionas de ir a ver a esa gente, y no canta su famosa y característica canción, sientes desilusión. Por eso es que quisiera que piensen sobre su propia promesa para con su público. Y hablando de público, si yo les preguntara: “¿cuál es tu paso, tu movimiento característico?” tal vez algunos contestarían: Ni siquiera sé si tengo uno o no. Pero sí, lo tienen. Con frecuencia solamente lo descubrimos cuando involucramos a la familia. Nuestra familia del trabajo nos puede ayudar a discernir cuál es eso que nos caracteriza solamente a nosotros, porque todos tenemos ese algo que nos hace únicos en este mundo.

Les platico algo acerca de la familia del trabajo. Esto acaba de salir recientemente, y es una historia que ha sido poderosa en mi mente, por esto: Cuando piensas en tu familia, ¿quién es tu familia? Puedes llamarla equipo, comunidad, grupo —no importa. Todos somos familia MDRT aquí. Pero quisiera que consideren la palabra familia. Porque esta palabra, es más fuerte que todas éstas otras que acabo de mencionar.

Así que la historia que recién circula es de un hombre que se iba caminando al trabajo todos los días. Once millas tenía que caminar. Esto sucedió en Arkansas. Diariamente. Nadie lo sabía. Tenía que caminar 11 millas, y como trabajaba en el servicio postal, entraba a las 4:00 a.m. Bueno, sabemos que en todo lugar de trabajo hay siempre una mamá. Y aquí a esa mamá la llamamos Mamá Pat, y fue quien descubrió que este hombre, durante siete meses, se había ido caminando al trabajo todos los días. Así que ella empezó una colecta hasta asegurarse de tener suficiente dinero para comprarle un auto a este hombre. No tenía que ser nuevo, simplemente un auto. Un Saturn ION. Y se lo entregaron. Y Trenton Lewis, tan positivamente sorprendido, de plano no lo podía creer.

Su vida cambió por completo, al descubrir que tenía una familia en el trabajo. Y cuando digo “familia”, quiero que piensen en lo que es su familia, porque bien se podría tratar de su familia del trabajo. Tal vez sea su familia MDRT. ¿Y qué hay acerca de su familia en casa? ¿En qué consiste? ¿Cómo es? Todos tenemos una definición de familia. Miren esta pequeña foto de mi linda familia. [visual] Ah, cómo los amo. Tuvimos cuatro hijos en cinco años, y yo, que soy un tipo dormilón, no he podido dormir en una década.

Este chiquito de este lado—se llama Romney. Tiene un buen nombre, fuerte, de Utah: Romney. Cuando él tenía tres años, yo regresaba de un viaje, y como padre ocupado, me había convertido en un hombre enojón con todos estos niños tan lindos. De plano, a veces era demasiado. Y siempre me fijaba una meta cada vez que regresaba a casa. Me fijé la meta de ser un mejor papá. Recuerdo que cuando regresé a casa, y estos chiquillos no me dieron el abrazo que yo esperaba, le pregunté a mi esposa que qué pasaba. Me dijo, “Se trata de Romney—tienes que llevarlo a pasear. Ustedes dos solos, a una cita de papi e hijo.”

Y así fue. Salimos papi e hijo. ¿Y qué tan divertida fue la experiencia? Porque estábamos en un McDonald’s desayunando algo saludable, y nos tomamos una ‘selfie’. Le dije, “¡Súbete a la resbaladilla!” Y se subió corriendo, y me dijo: “¡Papi, papi!”, y se deslizó. Y yo le dije “Bien, muy bien”. Y se volvió a subir y dijo “¡Papi, papi!” Y se deslizó. Y luego dijo, “¡Papi, papi!” Y yo ya estaba, para mis adentros: “¡Basta ya, por favor!”

En eso me había convertido como padre viajero. Estaba tan ocupado con mi teléfono, logrando hacer tanto, que cuando me aburrió esta situación frente a mí, de ser papá, me regresé a mi teléfono. De hecho, me metí a Facebook, y comencé a recorrer las vidas de otros, cuando lo que debía haber hecho era estar presente para mi hijo. Y al estar publicando la foto que acababa de tomar, escribía: “Disfrutando de mi cita de papi/hijo con mi niño…” Y ahí me di cuenta de la hipocresía de lo que estaba haciendo.

En ese momento, tomé la decisión de borrar de mi teléfono esa aplicación favorita de todos. No fue fácil. Pero ¿cómo nos podemos volver 100 por ciento presentes? Si te cuestionas y dices: “No tengo ese paso, ese movimiento característico, especial,” quisiera que consideraras por un momento, que esa característica podría ser la presencia. Sencillamente ser alguien que, donde quiera que esté, esté 100% enfocado. Porque a pesar de que ese pequeño aparatito nos puede ayudar a administrar nuestra empresa, nuestros negocios, y conectarnos con el mundo, igualmente nos puede desconectar de nuestra familia. Así que ahora, quisiera cantar una canción a nombre de aquellos que son inolvidables.

Espero que recuerden a Nat King Cole y su hija Natalie.

(Canción)

En lugar de ser un papá que se fija la meta de ser mejor padre, hagamos la promesa de ser aquel papá que todos los niños quisieran tener. Y les exhorto a que todos hagamos lo mismo por nuestras familias.

Entonces, hemos hablado acerca del público, nuestros clientes. Hemos hablado sobre cumplir las promesas a la familia del trabajo o la familia del hogar. Hablemos ahora del elemento final, esa pieza única, ese ser único. ¿Quién es ese ser único? Eres tú. Porque si no le cumplimos una promesa a nuestro público, se nos va el negocio. Si no cumplimos una promesa que le hicimos a la familia, se nos va la familia. Y si no nos cumplimos una promesa a nosotros mismos, ¿a quién le importa? Bueno, pues nos debía importar a nosotros mismos.

De pequeño, me di cuenta de que había algo diferente en mí. Fue una lección difícil de aprender, difícil de entender, porque resultó que yo era el raro, el diferente. Al subir al autobús escolar a los cinco años, me acerqué a alguien que se me hizo “cool” y le dije: “¡Me quiero sentar contigo!” Y él me contestó: “Tienes la boca grandísima”. Y yo: “Sí, es cierto” [sonido que truena]. Y él dijo: “A ver, hazlo de nuevo”. Y yo: “Ahhhh”. Y entonces dijo: “Siéntate con nosotros. Esto va a estar divertido”.

Todo el camino a la escuela, me decía, “Haz eso que haces con tu boca.” “Ahhh.” Y todos decían, “Ese niño tiene una boca bien grande”. Así que me convertí en el niño de la boca grande. Al terminar ese día, mi mamá me preguntó: “¿Cómo te fue en la escuela? ¿Todo bien?” “No, me dijeron que era feo y que tenía la boca muy grande”, le contesté. Ella me miró como sólo una madre sabe hacerlo, y me dijo: “Mi hijo, tú no eres feo,…pero sí, tienes la boca grande”. “Cuando alguien te diga eso, simplemente sonríe”. A lo que yo dije: “Es que yo no quiero sonreírle a la gente”. Pero me contestó: “Tú sonriéles”.

Fue así como aprendí desde muy pequeño que, si le sonreía a los demás, ellos me sonreirían igual. Y que la luz que yo brillo es la luz que recibo. Doy gracias por tener a una mamá que me enseñó eso desde muy temprano. Y no fue sino hasta mis consultas con el dentista que me di cuenta de que estaba bien ser quien yo era, y tener una boca así de grande. Por ejemplo, el dentista me decía, “Abre, grande, grande”. Y yo: “Ahhhh”. “¡Válgame, puedo usar ambas manos!” “Es una bendición que tengas una boca tan grande”. Yo le decía que no me sentía muy bendito que digamos”. A lo que me contestaba: “No, es genial, porque puedo meter ambas manos en tu boca, y tú me puedes responder con oraciones normales”. Ya sé, es increíble.

Entonces me di cuenta de que podía hacer los sonidos de los instrumentos del dentista cuando él trabajaba conmigo. Ahora era yo el que jugaba con él. Él no sabía qué estaba pasando. Pero yo me sentía cómodo con este nuevo mentor. Y al escuchar los sonidos, yo los imitaba [sonidos del consultorio dental] Y él preguntaba: “¿Esta cosa está prendida?” Y yo: “¡Oh, no, se atoró en mi lengua!” [sonidos del consultorio dental] “OK, no hagas eso” Y luego: “Eres un chiquillo raro”. “Ya sé”, le dije. Y sacó el instrumento de mi boca, y mis labios se quedaron así. Me preguntó: “¿Cómo haces eso?” “No sé.” Le contesté. “Ya no lo hagas.” Y dejé de hacerlo. “Hazlo de nuevo”. Y lo hice. Y entonces me dijo: “Ése es tu don”.

Por eso, si hoy vengo antes ustedes con un mensaje positivo, es éste: Observen mi don. Ahora, piensen en el que ustedes tienen y sean agradecidos, ¡Y úsenlo! Ustedes tienen talentos que yo no tengo. Yo tengo talentos que ustedes no tienen; talentos que ustedes no quieren. Deseo que se den cuenta de ello. Y el dentista me decía, “Si lo puedes hacer de ese lado de la boca, bien podrás hacerlo del otro”. Bueno, pues tenía razón. Me fui a casa, y practiqué esto. Y encontré la manera de hacer reír a la gente. Como subir a una ola, como el océano. Esto es todo lo que tenía a mi favor cuando era niño. Así que, nunca dejé de hacerlo. Aprendí que podía también hacerlo con el labio de abajo, y con las cejas, incluso con la nariz. ¡Es increíble! Y fue el dentista el que me ayudó a descubrirlo.

Y la promesa que me hago a mí mismo es que lo compartiré, en cualquier oportunidad, donde quiera que esté, donde quiera que vaya. Voy a hacerle el día a alguien. Ahora, si voy a un restaurante, y la mesera me pregunta, “¿Qué desea ordenar?” puedo contestarle que “Sólo quiero una ensalada”, y tan tán, se acaba el asunto. O, podría cumplir mi promesa a mí mismo, porque una promesa es el nivel más alto de participación al que nos comprometeos en cualquier experiencia, y puedo cambiarle radicalmente su día: “¿Qué desea ordenar?” Le contesto: “Disculpe, ¿tiene un poco de lechuga? [mueve la nariz] Sólo necesito una zanahoria”.

Espero que consideren este mensaje de la promesa a nosotros mismos. ¿Cuál es la promesa que tienes que hacer y cumplir para con tu público, tu familia, tu ser único? ¿Y cuáles son las promesas que quizás hayas hecho sin darte cuenta, y que los demás esperan que cumplas? Tienes una voz, tienes ese paso característico. Tienes algo que te hace único entre todas las personas, pero no importa lo que tengas, si no lo compartes.

Espero que recuerden a este cantante. Es uno de mis favoritos, con el que quiero cerrar.

Louie Armstrong.

Porque todos hacemos de este mundo algo maravilloso.

(Canción)

(Aplauso)

Hewlett

Jason Hewlett presenta charlas increíbles que combinan la autenticidad con el sentido del humor, la música e imitaciones con principios prácticos de negocios aplicables al liderazgo, iniciativa empresarial e impacto cultural. Uno de los más jóvenes en ser inducido en el prestigioso Salón de la Fama del Premio a la Excelencia del Consejo Colegiado, ha impartido ponencias de motivación frontal y de administración en algunos de los eventos corporativos más grandes del mundo.

 

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