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Las pequeñas cosas que pueden cambiar tu vida

Admiral William H. McRaven (Ret.)

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El entrenamiento de los SEAL de las fuerzas navales es uno de los más duros del mundo, y sujeta a los participantes a retos mentales y físicos extremos que desafían la voluntad de cada individuo a no darse por vencido. En esta sesión, McRaven identifica cómo las lecciones de orgullo, trabajo en equipo y determinación pueden aplicarse a cualquiera. Con la valentía y el rechazo por perder, — dice— la gente puede superar los más difíciles obstáculos.

Hace poco más de 40 años, inició mi búsqueda para ser un Navy SEAL. Poco me imaginaba que las lecciones que aprendí en la capacitación básica de los SEAL me servirían tanto durante el resto de mi vida. Estas lecciones eran sencillas, herramientas poderosas que me ayudaron a enfrentar los retos que todos confrontamos en algún momento. Se las comparto hoy con la esperanza de que mi experiencia vuelva sus vidas un poco más productivas, un poco más satisfacientes, y quizá, un poco más exitosos.

El curso de Demolición Básica Submarina de los SEAL (BUDS) de la Marina de Estados Unidos es considerado como uno de los cursos de entrenamiento militar más severos del mundo. La escuela está ubicada en Coronado, California, y el entrenamiento dura seis meses. La primera fase es de 10 semanas y está diseñada para deshacerse de los débiles de mente y cuerpo.

Cada día es una prueba de resistencia. Comienzas temprano en la mañana, con una hora de calistenia, seguido todo el día por una serie de carreras en la arena blanda, nadando en el helado océano, pistas de obstáculos que te destrozaban el cuerpo y el acoso interminable de los instructores SEAL.

Durante la Primera Fase toca la célebre Semana del Infierno. La Semana Infernal consiste en seis días sin dormir, acoso constante, y actividad física. Aquí es donde decides si realmente quieres ser un SEAL de la Marina.

La Segunda Fase consiste en ocho semanas de castigo similar. Incluye más dificultades físicas, pero es en esta Segunda Fase que el estudiante aprende a manejar el aparato básico de respiración submarina autocontenida (SCUBA) y el más sofisticado de respiración de circuito cerrado conocido como el Draeger.

Los retos físicos continúan al entrar a la Tercera Fase, pero durante las 10 semanas restantes, el aspirante a SEAL aprende todas las complejidades de la guerra terrestre: Cómo disparar, moverse y comunicarse.

Desde el momento en que llegamos como estudiantes al complejo BUD/S, en Coronado, los instructores SEAL encontraban oportunidades para enseñarte. Cada mañana, se nos requiere en nuestras barracas para pasar inspección. Yo permanecía en atención firme cuando el instructor SEAL entraba al cuarto. Todos los veteranos de Vietnam, los instructores, tenían un aire de invictos peculiar. Habían sobrevivido una guerra difícil y sabían lo que se requería para ser exitoso en el combate.

Después de revisar mi uniforme para asegurarse que estuviera inmaculado, planchado a la perfección, y usado con orgullo, el instructor se inclinó para inspeccionar mi cama. Recuerdo haber pensado que era infantil que un veterano de combate inspeccionara mi cama, para ver si estaba bien tendida.

Teníamos instrucciones obligatorias. La almohada debía estas centrada con precisión en medio la cabecera La cobija extra de lana debía estar doblada en un rectángulo colocado con precisión, al pie de la cama. Y en las esquinas, abajo de la tarima, debían estar justo en un ángulo de 45 grados. Si no cumplíamos estas estrictas normas establecidas por los instructores, pagabas el precio con más acoso físico.

En ese tiempo, la lección de tender mi cama me pasó desapercibida. Pero la importancia de esta sencilla tarea quedo pronto en evidencia. Tender tu cama era la primera tarea del día. Si lo hacías bien, podías sentirte orgulloso de tu área, y te inspiraba a hacer otra tarea, y otra y otra.

Para el final del día, una tarea cumplida te llevaba a muchas más tareas cumplidas. Y, si habías tenido un día miserable, llegabas a casa, a una cama bien tendida, que tú tendiste. Y una cama tendida, te daba la confianza de que mañana sería un mejor día.

Tender la cama reforzaba también el hecho de que las pequeñas cosas de la vida son importantes. Mis instructores solían decir: “Si ni siquiera puedes tender bien tu cama, ¿cómo vamos a poder confiar en ti, para que manejes una compleja misión SEAL.

Si haces bien las pequeñas cosas de la vida, las cosas grandes te resultarán naturales. Entonces, si quieres tener éxito en la vida, comienza por tender tu cama.

Durante la Primera Fase, se dividía a los estudiantes en tripulaciones de barco. Estas tripulaciones eran de siete hombres cada una, generalmente ordenados por estatura. Se nos llamaba tripulaciones porque dondequiera que íbamos, debíamos cargar un Pequeño Bote Inflable (IBS). El IBS era una balsa inflable de hule, de 2.4 metros. Ya inflada, pesaba unos 45 kg, y los siete estudiantes de la tripulación levantábamos la balsa sobre nuestras cabezas y la cargábamos corriendo sobre la suave arena—cuando íbamos a cenar y durante los ejercicios de entrenamiento. Era nuestra constante compañera.

También remábamos interminablemente en el bote, de norte a sur a lo largo de la línea costera corriendo sobre la espuma, siete hombres trabajando juntos para hacer llegar esta balsa a su destino final.

Pero aprendimos algo importante en la jornada con esa pequeña embarcación. Ocasionalmente, alguno de los miembros de la tripulación se enfermaba o lesionaba y no podía poner su 100 por ciento.

Yo muchas veces me sentí exhausto por el entrenamiento del día o tenía gripe o influenza. Esos días, otros miembros compensaban mi debilidad. Remaban más fuerte. Cavaban más hondo. Me compartían de sus raciones para aumentar mis fuerzas. Y llegado el momento, después en el entrenamiento, yo les devolvía el favor.

El pequeño bote nos hizo darnos cuenta de que ningún hombre logra superar el entrenamiento solo. Ningún SEAL lograría terminar el combate solo, y por extensión, necesitas gente en tu vida para ayudarte durante los tiempos difíciles.

Todos pasamos momentos difíciles en la vida. A lo largo de mi carrera, me despidieron de un trabajo muy importante; Yo era un oficial titular, al mando, cuando perdimos una embarcación de 10 metros en un oleaje pesado; y yo me lesioné seriamente en un accidente de paracaidismo. <0}

En cada una de estas ocasiones, alguien vino en mi ayuda. Mi esposa, mi jefe, mis amigos, gente que ni siquiera conocía, todos me ayudaron porque vieron que yo estaba necesitado.

Nadie es inmune a los eventos trágicos de la vida. Al igual que el pequeño bote de hule que teníamos en el entrenamiento SEAL, implica un equipo de buenas personas para que logres llegar a tu destino en la vida.

No puedes remar el bote tu solo. Busca a alguien con quién compartir la vida. Hagan el mayor número de amigos posible, y nunca se olviden que su éxito depende de los demás.

De todas las fuerzas navales venían al entrenamiento SEAL Eran de pueblos pequeños y de grandes ciudades. Eran negros, y blancos y morenos. Eran ricos y eran pobres. Eran de antecedentes tan diversos: color, tamaño y fortaleza como cualquier otro grupo de hombres.

Al iniciar nuestro entrenamiento, nuestra clase era de 155 hombres. Al final de la Semana Infernal, sólo quedábamos 55, y poco después, éramos unos 42 hombres. Los 42 nos dividimos en seis tripulaciones de siete elementos cada uno. Yo estaba en el bote con los hombres grandes. Pero una de las tripulaciones consistía en tipos menos corpulentos. Ninguno medía más de 1.65 m. Les apodábamos la tripulación Munchkin, por los hombrecitos de la película El Mago de Oz.

La tripulación Munchkin consistía en un americano de ascendencia indígena, un afroamericano, italiano-americano, un polaco-americano, un griego-americano y dos chicos del Oeste Central de EUA.

Nosotros, los corpulentos siempre bromeábamos a costas de los chaparritos. Se ponían su “trajecitos de bucito”, y tenían sus “aletitas" que se ponían en sus “diminutos piececitos." Pero los hombrecitos no se dejaban intimidar. Nadaban y corrían más rápido que los demás y en los ajetreos casi siempre superaban a los grandotes.

El entrenamiento SEAL era un gran estabilizador. Nada importaba salvo tu voluntad para triunfar—no tu talla, ni tu color, ni tus antecedentes, ni tu estatus social.

Si quieres tener éxito en el mundo, mide a la gente por el tamaño de su corazón, no por el tamaño de sus aletas.

En el entrenamiento SEAL, los instructores mandan. Su palabra son la biblia, y un estudiante debe hacer lo que le dice el instructor. Sin cuestionar nada. Si un instructor está pasando un mal día, o simplemente no quiere ver tu cara, te puede ordenar “a la playa” y obligarte a convertirte en "galleta azucarada”. El estudiante obedecerá y correrá sobre las dunas a la playa, saltará al océano, saldrá empapado, y luego rodará en la arena en las dunas hasta que no quede orificio de su cuerpo que no esté retacado de arena. En el entrenamiento SEAL, no había cosa más incómoda que ser una galleta azucarada. Había muchas cosas más dolorosas y más extenuantes, pero ser una galleta azucarada ponía a prueba tu paciencia y determinación, y no sólo porque pasabas el resto del día enarenado hasta el cuello, bajo tus brazos y entre las piernas, sino porque el acto de convertirte en galleta azucarada era totalmente indiscriminado.

Para muchos estudiantes SEAL esto era difícil de aceptar. Aquellos que se esforzaban por ser los mejores esperaban que serían recompensados por su estelar desempeño. A veces si lo eran, y luego, a veces no. A veces, lo único que lograban por todos sus esfuerzos era empaparse y enarenarse. El entrenamiento SEAL te enseñaba que la vida no se justa.

En el día de hoy, es fácil culpar a lo que te tocó en la vida, a una fuerza externa, es fácil dejar de esforzarte porque crees que el destino está en tu contra. Es fácil pensar que donde creciste, cómo te trataron tus padres, o la escuela a la que asististe determinaron tu futuro.

Nada podía estar más lejos de la verdad. La gente común y aún los grandes hombres y mujeres, todos se definen por cómo manejan las injusticias de la vida: Helen Keller, Nelson Mandela, Stephen Hawking, and Malala Yousafzai

A veces, no importa qué tan duro lo intentemos, no importa qué tan bueno seas, vas a terminar como galleta azucarada.

Si quieres tener éxito en la vida, no te quejes. No culpes a la mala fortuna. ¡Alza la frente, mira al futuro y sigue adelante!

Todo en el entrenamiento SEAL se mide. Las carreras y jornadas de natación se registran contra reloj. La posición de tu cuerpo tiene que ser perfecta durante los ejercicios como lagartijas, barras y piernas. Las pruebas académicas se califican y deben mantenerse arriba de cierto umbral. Cualquier falta en el cumplimiento de estas normas resultaba en entrenamiento físico adicional. Le decimos un “circo.”

El circo es al final del día, después de que todos los demás estudiantes regresan a sus barracas. Los que les toca circo se quedan para dos horas más de acoso físico. El castigo del circo y el entrenamiento físico adicional te deja cansado hasta el día siguiente. Un circo puede conducir a otro, y a otro, y a otro.

Peor, el circo produce un efecto psicológico en el estudiante. Es un reconocimiento de que fallaste, y para los hombres que raramente han fallado en su vida, puede resultar abrumador. El resultado es un “espiral mortal” de fatiga y fracaso que puede acabar con la esperanza del aspirante de llegar a ser SEAL.

Pero, aquellos que superan al circo, ese entrenamiento físico adicional los hace más fuertes, rápidos y más recios mentalmente. Para aquellos que no logran ver el fracaso como una oportunidad de aprendizaje para mejorar, para sentirse humilde ante la experiencia, el circo un camino necesario hacia el éxito.

En mi carrera, he fallado numerosas veces: Rescate de rehenes que salieron mal, invasiones desastrosas, y bajas inesperadas. Pero en cada ocasión aprendí de mis fracasos. Me fortalecí con la experiencia y me volví más capaz de conducir la siguiente misión difícil. La vida está llena de fracasos. Para tener éxito, debes aprender a superar los circos.

En entrenamiento SEAL hay una pista de obstáculos. Consiste en unas 25 estructuras retadoras de madera que deben ser sorteadas en un tiempo predeterminado. Los obstáculos incluyen una red que se debe escalar y brincar, un enmarañado de alambre de púas, que te obliga a arrastrarte en el suelo por debajo, una serie de muros que debes superar y un puente colgante muy largo que debes cruzar—solo por mencionar algunos.

Pero el obstáculo más difícil es la “resbaladilla por la vida." Para superar con éxito el obstáculo, el estudiante debe escalar una torre de 9 metros. En la punta de la torre hay una soga que se extiende a 25 metros hasta una torre más pequeña al final del obstáculo.

Debajo de la resbaladilla por la vida no hay más que arena. Caerse del obstáculo puede ser causa de serias lesiones y motivo de baja en el entrenamiento SEAL. Es un evento riesgoso, y la mayoría de los estudiantes avanzan con mucho cuidado y precaución al tratar de bajar por la cuerda.

El récord del entrenamiento SEAL para superar la pista de obstáculos se había mantenido por muchos años. La única manera de batir el récord era asumir riesgos en las barreras más difíciles—la única manera de sobresalir por encima del estudiante promedio era bajar la resbaladilla por la vida con la cabeza hacia abajo.

La capacidad del estudiante para elevarse por encima de sus temores, tomar riesgos y desafiar los obstáculos era clave para terminar el entrenamiento SEAL. Es como en la vida: Si quieres tener éxito, debes superar tus dudas, enfrentar tus temores y confrontar el peligro, pue nada que valga la pena viene sin riesgos.

Hacia el final del entrenamiento SEAL, los estudiantes viajan a la Isla de San Clemente, cerca de la costa de San Diego. En la isla, pasamos tres semanas más de entrenamiento de infantería, aprendiendo a disparar, a movernos y a comunicarnos. Es también en San Clemente donde los estudiantes realizan algunas de sus pruebas físicas más extenuantes. Una de esas pruebas es la natación de toda la noche.

No era tanto la distancia lo que era más desafiante, pues habíamos nadado distancias largas anteriormente, sino la naturaleza de nuestros acompañantes marinos era lo que nos preocupaba. Las aguas alrededor de San Clemente eran criadero del gran tiburón blanco, uno de los mayores come-hombres del océano.

A los instructores de SEAL les encanta imprimir temor en los corazones de los estudiantes, mostrándoles fotos de creaturas impresionantes saltando del agua para devorar a una distraída foca de California. Había algo espeluznante en estar solo en la noche, en medio del océano, sabiendo que merodeando bajo la superficie había un animal prehistórico nomás esperando morderte en dos. Pero todos los estudiantes anhelaban tanto ser SEAL que no habría cosa alguna en el agua que los detuviera.

Si habíamos de luchar contra tiburones, entonces cada hombre estaba preparado para hacerlo. Nuestra meta la considerábamos honorable y noble, nos daba valor, y el valor es una cualidad sobresaliente. Si tienes valor, nada ni nadie se puede interponer en tu camino. Pero sin valor, los demás serán quienes definan tu camino.

Sin él, estás a merced de las tentaciones de la vida. Sin valor, los hombres son gobernados por tiranos y déspotas. Sin valor, ninguna gran sociedad puede florecer. Sin valor, los bullies del mundo aumentarán. Pero con valor, puedes lograr cualquier meta. Para tener éxito en la vida, necesitas encontrar el valor dentro de ti para que puedas nadar con los tiburones.

Durante la Segunda Fase del entrenamiento, aprendes a bucear con el aparato respiratorio de circuito cerrado. Es el arma secreta del hombre rana, un artefacto de buceo que no libera burbujas.

Para ser un hombre rana naval, digno de los grandes héroes que te precedieron, debes convertirte en un experto en ataques navales subterráneos.

Por la noche, bajo una nave, la oscuridad te consume. La luz de arriba queda totalmente bloqueada por la imponente embarcación de acero. Tu cuerpo desaparece en la negrura, y el rugir de los motores del barco confunde y desorienta aún al buzo más experimentado.

Bajo el barco, cuando las cosas están más obscuras, es cuando debes mostrar tu mejor ser. Debes sumergirte profundo dentro de ti y recurrir a todas tus fuerzas para lograr completar la misión. Ser fuerte en los momentos obscuros es lo que te distingue entre los demás.

No hay momento más obscuro en la vida que perder a un ser amado, y, sin embargo, durante las guerras de Irak y de Afganistán, vi una y otra vez como las familias, y las unidades militares y los pueblos y ciudades, y como nación, cómo nos unimos para ser lo mejor que podíamos ser en esos tiempos trágicos.

Recuerdo vivamente cuando un Agente Rural caído fue llevado de regreso a casa a su base en Savannah, Georgia. Toda su unidad, vestidos en uniforme de gala, marcharon de la iglesia al bar favorito del Rural, en la calle River Street. Por toda la ruta, el pueblo de Savannah salía a la calle. Bomberos, oficiales de policía, veterano y civiles de todos los ámbitos de la vida, se hicieron presentes para saluda al joven soldado que había muerto heroicamente en Afganistán.

En algún momento de la vida, todos enfrentaremos un momento oscuro, un reto aparentemente irremontable, un momento oscuro que abate nuestro espíritu y nos deja preguntándonos sobre el significado de la vida. Para tener éxito en la vida, debes buscar en lo profundo de tu ser y ser lo mejor que puedes ser en ese momento de obscuridad.

La Semana Infernal. El nombre en sí invoca el temor, y con justo derecho. Durante el entrenamiento SEAL, la Semana Infernal son los seis días más exigentes de tu corta vida. Estás constantemente frio, mojado y sintiéndote miserable. Tus manos y pies se inflaman hasta dos veces su tamaño por el constante movimiento. Los instructores jamás dejan de acosarte, y la presión para renunciar es inimaginable.

Pero un día en particular separa a los ganadores de los perdedores. Es el miércoles en las planicies de lodo Mud Flats.

Las planicies de lodo son un área entre San Diego y Tijuana donde el agua escurre y crea los lodazales de Tijuana, una zona pantanosa donde el lodo te envuelve. Al ir descendiendo el sol ese miércoles en la tarde, se ordenó a mi clase que se metiera al lodo. El lodo nos consumió a cada hombre, hasta que no quedaba nada visible, excepto nuestras cabezas.

El viento de la noche aullaba por la playa enfriando el lodo más y más con cada minuto que pasaba. Los instructores, dispuestos y resueltos a descubrir más almas débiles, vigilaban desde al borde del lodo, ofreciendo tratar bien al resto de la clase si tan sólo cinco hombres se rendían—sólo cinco hombres, y el resto de la clase podría abandonar el asfixiante lodo. Estaba claro que algunos estudiantes estaban listos para renunciar. El lodo era inaguantable.

Y luego, una voz comenzó a resonar en la noche. Una voz inició una canción. La canción estaba terriblemente desafinada, pero cantada con gran entusiasmo. Una voz se volvió dos y dos, tres, y pronto, toda la clase estaba cantando.

Los instructores nos amenazaron con más tiempo en el lodo si seguíamos cantando, pero el canto continuó. Y de alguna manera, el lodo comenzó a sentirse menos frio, el viento menguó, y el amanecer ya no estaba tan lejano.

Si quieres tener éxito en la vida, tienes que darle esperanza a la gente. El poder de una persona—un Washington, Lincoln, King, Mandela, Malala, o tú—con el poder de la esperanza, puede cambiar el mundo para siempre.

Finalmente, en el entrenamiento SEAL hay una campana; una campana de cristal que está en un rincón del complejo. Lo único que necesitas hacer para renunciar es tocar la campana. Suena la campana y ya no tendrás que levantarte temprano. Suena la campana y ya no tendrás que correr largas horas, ni nadar en agua helada, o recorrer la pista de obstáculos. Suena la campana y podrás evitar todo el dolor que viene con el entrenamiento SEAL.

De todas las lecciones que aprendí en el entrenamiento SEAL, esta fue la más importante: ¡Jamás te des por vencido! No suena como algo muy profundo, pero la vida constantemente te pone en situaciones donde darte por vencido parece mucho más fácil que seguir adelante. Donde las posibilidades se acumulan contra ti de modo que darse por vencido parece ser lo más racional que puedes hacer.

Si quieres cambiar el mundo, si quieres tener éxito en la vida, procura tus sueños y jamás de los jamases de des por vencido.

Mis lecciones son sencillas:

  • Comienza cada día realizando una tarea completa.
  • Busca a alguien que te ayude en la vida.
  • Respeta a todos.
  • Reconoce que la vida no es justa y que vas a fallar con frecuencia.
  • Asume algunos riesgos, entra al quite en los tiempos más difíciles, no te dejes intimidar por los bullies, levanta a los caídos, y jamás, jamás te des por vencido.

Si haces esas cosas, entonces ninguno de los retos de la vida podrá detenerte de lograr tus metas y, al mismo tiempo, harás del mundo un lugar mejor.

McRaven

El Almirante William H. McRaven, USN (Ret.), es un almirante de cuatro estrellas retirado de las fuerzas navales de los Estados Unidos. Recientemente, fue Canciller del Sistema de la Universidad de Texas. Frecuentemente, diversas organizaciones y publicaciones nacionales e internacionales han reconocido a McRaven ha sido reconocido por su liderazgo. Antes de convertirse en Canciller, McRaven fue comandante de Operaciones Especiales de Estados Unidos, en la que dirigió una fuerza de 69.000 hombres y mujeres en todo el mundo.

 

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