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Sé un viajero, no un turista

Andrew McCarthy

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Probablemente conozcas a McCarthy como actor (La chica de rosa, Este muerto está muy vivo). ¿Sabías que también es un escritor viajero? En esta sesión, McCarthy habla sobre el poder de dejar tu zona de confort y del ajuste de perspectiva que ocurre a través de los viajes—especialmente en solitario. También comparte cómo un momento incómodo puede conducir a una travesía que le cambió la vida y le ayudó a vencer el miedo y descubrir un interés renovado en el mundo a su alrededor.

¿Cuántos de ustedes viajaron más de 100 kilómetros para estar aquí? ¿Cuántos de ustedes viajaron más de 1,000 kilómetros para estar aquí? ¿Cinco mil kilómetros?

Lo que acabamos de establecer en menos de un minuto es algo que todos tenemos algo en común, algo que, yo creo, tiene el poder de cambiar vidas, el poder de transformar vidas. Todos dejamos nuestra comodidad, y la seguridad de nuestros hogares y viajamos a un lugar desconocido para muchos de nosotros. Dejamos nuestro refugio de seguridad para salir al mundo. Y para mí, eso tiene el poder de cambiar vidas. Eso es lo que cambio mi vida.

Y esa muy gentil introducción con que me presentaron, mencionó que fui un actor y, luego, eventualmente, derivé en escritor viajero y eso te lleva por una carrera de loca trayectoria. Esa es una trayectoria rara, pero quisiera platicarles un poco lo que pasó. Y luego volvemos a eso, porque viajar cambió mi vida. Yo creo que tiene el poder de cambiar las vidas de las personas.

¿Saben? El gran Mark Twain lo resumió todo de la mejor manera, cuando dijo: “Viajar es fatal para el prejuicio, la discriminación y la mentalidad estrecha.” Yo creo que nos podemos detener ahí. Creo que eso captura muchísimo. Reto a cualquiera a que salga a recorrer el mundo y que regrese sin cambio alguno. Tómate un segundo para tomarte una instantánea de ti mismo en este momento, y luego, otra cuando vuelvas a casa, y ve la distancia—no sólo física, sino la distancia emocional—que hayas viajado.

El gran escritor viajero norteamericano, Paul Theroux, dijo: Viajar es como optimismo en acción. Creo que es una frase muy buena porque todos nos decidimos a, como dije antes, dejar la comodidad o lo que sea, la seguridad del lugar que conocemos, para entrar a lo desconocido, con la esperanza de ser recibidos al llegar. Y para hacer eso, tenemos que volvernos vulnerables. Según you, la vulnerabilidad no tiene buena fama. Creo que una de las mejores cosas que podemos hacer para mejorar es volver a abrirnos de nuevo. Tarde o temprano, cuando viajamos, nos vamos a perder, vamos a tener hambre, vamos a estar cansados y vamos a necesitar ayuda y vamos a tener que detenernos con algún extraño y decirle: “Disculpe… ¡Hola! ¿Me puede ayudar?” Y al momento de hacer eso, el momento en que pedimos ayuda, el minuto en que nos abrimos, nos vuelven a ubicar en lo que yo llamo a la “talla correcta”. Me siento impactado. Me despojo de todas las presunciones con las que voy por el mundo, mi entorno controlado por el que navego por mi casa y todo eso, y sintiéndome el gran héroe de mi propia vida, y de pronto, todo sale volando por la ventana y me ubico en ser una simple persona que necesita ayuda. Y siempre que he pedido ayuda cuando he andado por el camino, siempre me han recibido. A dondequiera que he ido, nadie me ha rechazado, excepto por la ciudad de Nueva York, por supuesto. Pero yo vivo en Nueva York, entonces, está bien. ¿Saben? Hay toda una temática relativa al control en casa. Yo tengo mi propia vida. Y la tengo bien planeada. Tengo toda mi agenda en la que gravita el trabajo de todos, y entonces, cuando salgo de viaje, todo mundo se va tras lo que quiere. Y creo que se necesita valor para ir a hacer eso.

Theroux también tiene otra frase que me gusta: “Los turistas no saben dónde han estado, los viajeros no saben a dónde van.” Yo creo que la frase es divertida, pero, a decir verdad, no estoy seguro de qué significa exactamente. Les voy a cuál es la diferencia entre un viajero y un turista, según yo: Absolutamente nada. Absolutamente nada. Cualquiera que se levanta de su sofá y deja la seguridad de su zona de confort merece toda mi admiración. Pero, sí creo que hay una diferencia entre vacacionar y viajar. A mí me encantan unas buenas vacaciones. Sólo que no soy bueno para eso. Voy a la playa, saco mi libro y mi toalla, mi sombrero, me embadurno de loción, me pongo cómodo en la arena; me siento y digo “Ah.” Luego, miro a mi alrededor unos cuantos minutos, y ahora ¿qué hago durante los próximos seis días y medio?

Pero cuando estoy viajando—digamos que estoy en Roma. Ando caminando en Italia. Estoy en Roma, y caminando por ahí, buscando la mentada Fuente de Trevi. Voy por una sección de calles angostas, y buscando en mi mapa, y estoy perdido, y alguien me trata de vender baratijas de hombres desnudos y del Coliseo. Realmente, hace calor y ya estoy todo sudado e irritado. Mi esposa me está fastidiando porque no encuentro la fuente. Nos damos una vuelta y de pronto es como: “¡Ah! ¡O Dios mío! Miren esa cosa. Hay está.” Ese es el momento en que veo la mentada Fuente de Trevi y que había estado buscando; es el momento del descubrimiento. Y mira eso, y yo veo esa mirada en sus ojos, y ella ve esa mirada en los míos, y de pronto, me siento abierto de corazón, amoroso, generoso, emocionado, gentil, como el hombre de quien se enamoró, y no el desencantado, enojón y amargado que, en ocasiones, ocupa el lugar del otro lado de la mesa a la que se sienta. Y es esa conexión que formamos y esa conexión que restablecemos. Ese instante es lo que puede hacer que viajar sea invaluable para mí.

Y hay un verso de un poema que me encontré alguna vez, y que me encanta. “Vemos el mundo una vez, en la infancia. El resto es memoria.” Descubrí una línea realmente emotiva que es de tristeza y de melancolía y es hermosa. Y creo que es cierta en gran parte, excepto porque yo agregaría una enmienda para aclarar, "Excepto al viajar. Porque en los viajes, soy como ese pequeño niño, otra vez. Se me ponen los ojos cuadrados. Estoy abierto. Tengo apetito. Estoy interesado. Estoy vulnerable.

¿Saben? Yo soy un gran creyente de los viajes en solitario. Yo creo que viajar solo y ponernos a merced del mundo es grandioso; algo maravilloso para cualquiera. ¿Cuántos de ustedes han viajado en solitario? Apuesto que muchos de los aquí presentes vinieron solos. ¿Acaso no hubo un momento en que se preguntaron ‘¿Quién está aquí solo?’? En que hubo un leve sentido de vergüenza, aprensivo, y con ansiedad como para admitir: “Yo vine sólo. Estoy vulnerable. Vengo en singular.” Pero al admitirlo y aventurarnos por el mundo solos, dejando este refugio solos, y saliendo a ese mundo inmenso, para ser recibido en este gran salón, eso es algo realmente valeroso. Y creo que todos deberían intentarlo al menos una vez en sus vidas. Yo creo que cambia vidas.

¿Saben? Tengo un amigo de nombre Don George, un viajero escritor maravilloso que dice: “Hay un viaje que le cambia la vida a cualquier viajero.” Y quiero platicarles del viaje que cambio mi vida y que fue un viaje en solitario. Fue un viaje en solitario. Inició cuando estaba en una librería en la ciudad de Nueva York. Y soy actor ¿verdad? Eso significa que la mayor parte del tiempo estoy desempleado. Así, estaba en una librería, nomás matando el tiempo, y había una chica hermosa del otro lado de la mesa en que yo estaba, por los libros de reciente arribo, y, francamente, me le quedé mirando intensamente. Simplemente, estaba admirando su belleza y, eventualmente, sintió los ojos de un pervertido clavados sobre de ella, y me volvió la mirada. Y, en lugar de darle mi mejor y más inocente saludo, entré en pánico y miré hacia abajo y tomé el primer libro que estaba delante de mí, diciendo: “Ah, aquí está." Totalmente agitado y ridículamente sudando frio, porque esta hermosa dama me había pillado mirándola fijamente. Así que compré este libro sin siquiera pensarlo. Salgo a la calle y sigo totalmente avergonzado y sintiéndome totalmente fuera de lugar. Miré el libro. Se titulaba Off the Road: A Modern-Day Walk Down the Pilgrim’s Route into Spain. (Fuera del Camino: Una caminata moderna por la ruta de los peregrinos a España). Estoy viéndolo y la verdad es que no me interesa un comino. Me llevo el libro a casa, lo aviento al estante del librero y me olvido de él.

Un par de semanas después, durante un vuelo a Los Angeles, necesitaba algo para leer, así que tomé el libro y lo leí en el avión. Resultó que se trataba de un tío que dejó su empleo, subarrendó su departamento y emprendió una caminata por la antigua ruta de la peregrinación católica del norte de España. 500 millas a través de Santiago de Compostela, donde se dice que fueron enterrados los huesos del Apóstol Santiago, y que, si uno cruzaba a pie la Península Ibérica del s. VIII, se te perdonaría la mitad de tu tiempo en el purgatorio, lo cual parecía una buena ganga ¿no? Por lo tanto, miles y miles de personas cruzaron esta ruta a pie. Como que pasó de moda en los últimos siglos, y no hay mucha gente ya que haga el recorrido, pero este tío si lo hizo.

Algo en esta travesía despertó algo en mí, y para cuando aterricé en Los Ángeles, ya me había decidido a hacer eso. Voy a ir allá.” No sé por qué, pero el don que he tenido toda mi vida es que yo sé reconocer el momento en que me ocurre algo importante. Y dije: “Yo necesito hacer eso.” Si un talento tengo es ese: Poder reconocer esa pequeña pepita. Pensé: Yo tengo que hacer eso, y lo hice. Esto fue al inicio de los Noventa, cuando el único que tenía Internet era Al Gore, y no había donde encontrar información sobre el Camino de Santiago. No conocía a nadie que lo hubiera recorrido. Yo jamás lo había hecho. Como quiera, no pude encontrar información al respecto. En la contraportada del libro, decía que había sido escrito por un tipo llamado Jack Hitt Así que llamé a Jack. Decía que trabajaba en la revista Harper's Magazine. Así que llamé a Harper’s Magazine, y dije: “Hola. Estoy buscando a Jack Hitt,” y me dijeron: “Un momento.” Unos cuantos minutos después, escuché una voz: “Hola. Jack Hitt.” Contesté: “Hola Jack. Escucha. Leí tu libro.” Y Jack Hitt me dijo, “¿Leíste mi libro?” Estaba encantado. Sé lo que se siente. En fin. Le dije a Jack: "Escucha. Leí tu libro.” Yo quiero hacer eso. No sé cómo. ¿No podrías dar algunos consejos?” Y Jack fue muy gentil. Me dijo varias cosas acerca de cómo hacerlo, como caminar de villa en villa, y algunos consejos prácticos. Fue genial. Colgué el teléfono. Tenía más preguntas. Llamé a Jack nuevamente, al día siguiente, y luego al siguiente día. Finalmente, dijo: "Andy, ¿sabes? Estoy en el trabajo aquí; mejor llámame a mi casa.” Bueno. Eso fue un error. Comencé a llamar a Jack a su casa, por la noche porque me estaba poniendo cada vez más ansioso antes de partir. Y así, una noche, la esposa de Jack contestó el teléfono y me dijo: “Jack no está. Y Jack estará fuera por mucho, mucho tiempo.”

Y así, ya me quedé sin nada qué hacer. Ya no tenía con quién hablar, así que me fui a España y comencé a caminar recorriendo España. ¡Fue terrible! Fueron las dos peores semanas de mi vida hasta entonces. Me sentía miserable. Cada día fue peor que el anterior. Tenía ampollas. Me sentía solo. Estaba deprimido, Me sentía como un fracaso y un fraude. Todos mis demonios internos estaban haciendo lo suyo por aflorar. Me sentía totalmente miserable. Y un día, a mitad de la caminata, había un campo de trigo, que continúo durante un par de días. Y en este campo de trigo, de pronto, caí de rodillas y comencé a sollozar. No sé de dónde salió, pero estaba sollozando. Y luego, mi limousine no vino a recogerme. Tuve que emprender solo la caminata a la siguiente villa.

A la mañana siguiente, me desperté y comencé a caminar, y de pronto sentí como que algo se me estaba olvidando. No sabía lo que era. Tenía mi mochila. Tenía mi agua. Traía mis zapatos. Traía mi cayado para caminar. Pero sentía que algo se me olvidaba, Pero no había nada. Así que iba caminando, y caminé durante un par de horas en la mañana, luego me tomé un descansa a un lado de un granero—mi descanso matutino. Traía mi agua y mi queso, y estaba ahí sentado, consciente de lo que podía ver con verdadera claridad, como los colores. El granero era rojo, y la tierra era como de ámbar tostado, y todo se veía muy nítido. Recuerdo que podía escuchar con mucha agudeza. Podía escuchar a los pájaros llamarse y contestarse. Y de pronto, comencé a experimentar una especie de despertar—algo casi visual como si viniera desde el lejano horizonte. Algo se me comenzó a arremolinar en mi interior, y comencé a tomar consciencia de lo que no tenía, lo que había olvidado en la mañana, algo que siempre llevaba conmigo, y ese algo era el miedo. De pronto, el temor estaba ausente de mí. Jamás supe cuánto miedo llevaba en mí, ni que viví con tanto temor, hasta ese momento en que por primera vez estuvo ausente. Y de pronto, había espacio para mí. Mi esposa es irlandesa y tiene un montón de refranes irlandeses. Uno de ellos dice: “Me sentí yo mismo de la cabeza a los pies.” De pronto, me sentía yo mismo, de la cabeza a los pies, como la persona que siempre había querido ser, como la persona que yo sabía que era y que, de alguna manera, no había podido ser hasta ese momento. Crucé el resto de España a saltos. Conocí gente extraordinaria. De pronto me intereso una parte de la historia que jamás me había interesado anteriormente. Fue fascinante. Me sentí como yo mismo de los pies a la cabeza cada día, durante mi caminata a través de España. Ese día cambió mi vida, y jamás he vuelto la vista atrás.

Eso me llevó a viajar por todo el mundo, porque quería sentir más esa sensación, así que seguí viajando. Eventualmente, me convertí en un escritor viajero porque esto me apasionó completamente. Y muy pronto me hice muy exitoso en escribir sobre viajes, por una sencilla razón, Bueno, dos razones. Una es, (y esto lo sabía ya, como actor): Cuéntame un cuento. No me vendas un destino, Dime algo. Comparte conmigo. No me trates de vender. Y dos, yo sabía que subyacente a cada historia que platicaba, el sentimiento de que viajar tiene el poder de transformarnos, de cambiarnos, de abrirnos y de producir la mejor versión de nosotros mismos. Y esos es lo que quisiera desearles a cada uno de ustedes que han viajado desde todo el mundo para llegar aquí, sin importar distancias ni los muchos países de origen—para estar aquí esta semana, y puedan encontrar sus caminos personales. Para algunos de ustedes, particularmente para los que viajaron solos, aún esta semana podría ser tu camino personal. Y con eso, les deseo una conferencia maravillosa.

McCarthy

Andrew McCarthy es un actor y director de gran éxito quien es también connotado escritor y editor de National Geographic Traveler. Mejor conocido por sus papeles estelares en St. Elmo's Fire, La chica de rosa, y Este muerto está bien vivo también ha extendido sus horizontes con una floreciente carrera en Broadway. Sus proyectos televisivos en EUA incluyen, Orange is the New Black, Turn y La lista negra. Su primera novela para jóvenes lectores, Just Fly Away fue publicada en marzo de 2017.

 

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