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Haz la diferencia

Roy Hall, ADFP

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Hall comparte una poderosa historia del impacto del seguro de vida visto a través de una tragedia en su vida. Presentada en la Reunión Anual MDRT 2017.

Tengo 41 años de edad y soy un planificador financiero que vive en la Costa Dorada de Australia, con mi esposa de 19 años y mis dos hijos.

Volviendo atrás en mi vida, a hace 21 años, cuando yo era totalmente invencible y llevaba a mi futura esposa a niveles de ansiedad sin darme cuenta que era yo el temerario más audaz. Si algo tenía que ver con peligro, velocidad o adrenalina, yo lo tenía que intentar, pero no quería hacerlo solo. Compartía casa toda experiencia con mi mejor amigo, que realmente era mi medio hermano, de distinta mamá. La vida nos trataba bien, y los recuerdos son inolvidables.

Con nuestros intereses comunes, nuestra amistad creció cada vez más. Cando me casé con mi esposa, mi mejor amigo estuvo conmigo, y cuando él se casó, yo tuve el honor de estar con él. El día que trajimos a nuestra bebé del hospital, él nos platicó que también ellos estaban esperando un bebita. Unos cuantos años después, llegaron sus hermanitos, y nuestros hijos han tenido el privilegio de crecer juntos y hasta fueron a la misma escuela.

Siempre nos han gustado las mismas cosas: vacaciones en la playa; esquiar, cabalgar las olas en tabla; acampar juntos y salir en caravana; carne asada en el jardín sin mucho plan previo; y noches interminables, deliciosa comida y vino y gran compañía. Los cuatro—mi esposa y yo, y mi mejor amigo y su esposa—hasta trabajábamos para la misma institución bancaria. Ciertamente, teníamos mucho más en común que la mayoría.

También compartíamos los mismos sueños—sueños de tener nuestra propia casa con barda blanca de madera; de éxito en nuestras carreras y de darle a nuestros hijos la mejor vida posible; el sueño de retirarnos juntos y cumplir nuestra lista de deseos de destinos y metas—al grado de no aguantar las ganas de vivir nuestros sueños.

Me adelanto hasta el 4 de junio de 2014. El día comenzó como cualquier miércoles en la mañana. Después de salir por aire, tras de varias juntas con clientes, los miembros de mi equipo me comentaron que escucharon en la radio sobre un accidente fatal en una calle local que yo conocía bien—un hombre de 40 años, conduciendo su automovil, se había impactado con un árbol. Recuerdo estar sentado ahí, pensando en lo triste que le hubieran arrancado la vida tan temprano y pensaba en que ojalá hubiera contado con seguro para proteger a su familia superviviente.

Unas cuantas horas después, iba en mi automóvil, camino a casa, reflexionando en un día positivo en la oficina, el cumpleaños 41 de mi mejor amigo, y mi viaje a la Reunión Anual MDRT, en Toronto, la siguiente semana, cuando recibí la llamada que jamás hubiera esperado—que mi mejor amigo era el hombre que había estrellado su vehículo. Justa ahí, en ese instante, mi vida se detuvo en seco, y jamás volvería a ser igual sin él.

Con frecuencia platicamos sobre el propósito de esas importantes pólizas de seguros que vendemos, pero a veces, nuestros clientes no lo hacen. Aún después de estar en la industria durante 15 años, nada jamás me había preparado para el dolor de esta pérdida, y cómo te obliga, a ti y a todos los afectados a cuestionarse el propósito de la vida y de la inmortalidad.

Siempre he sabido que mi profesión cambia las vidas. Por eso escogí esta carrera. He hecho esto por tantos clientes ya, y he entregado esos invaluables cheques, pero lo que no había considerado, hasta verme involucrado al nivel más personal, es que el valor de ello también salva las vidas de los que quedan atrás. Yo normalmente entregaba el cheque a los beneficiarios, pero y no era parte de sus vidas cotidianas como para ver la diferencia que eso representaba durante el proceso de duelo; y sí hace una diferencia. Se los juro.

No puedo acabar de explicar lo difícil que es mirar una ventana con los dos pequeños hijos de tu mejor amigo, tratando de luchar con su dolor y también debiendo continuar con su vida sin su alma gemela a su lado. Si no tuviera ese consuelo de saber, cuando ocurrió el accidente, que yo había implementado pólizas de seguros de vida para proteger a su familia y su situación financiera, según ella misma ha reconocido, no hubiera sabido cómo salir adelante. El estrés financiero adicional hubiera hecho de la vida algo inimaginable para ella, y me ha dicho muchas veces desde entonces, que no sabía si podría haber seguido adelante.

Experimenté en momento más agridulce de mi vida, al entregar el cheque por su seguro de vida, por un valor de 2.4 millones de dólares, cómo el último regalo que le hizo. Fue algo para lo que jamás me podría haber preparado emocionalmente. Se trataba de mi mejor amigo, a quien jamás imaginé que ya no vería por el resto de mi vida, y realmente nunca pensé que esta póliza se tendría que utilizar jamás. Pero saber que ella tendría seguridad financiera gracias a ello, y que le facilitaría la vida, que sería muy diferente a lo que podría haber sido, me dio algo de paz.

Sé que jamás lo podré sustituir ni compensar por el dolor y el sentido de pérdida, pero con ello tenemos la certeza que no tendrá que enfocarse en tener que ganarse el pan cada dia, y le permite atender y cuidara a sus hijos, y continuar con su estilo de vida, para el que trabajaron tan duro durante los 15 años que estuvieron juntos. Le ha dado tiempo de guardar luto y decidir cómo quiere vivir su vida en esta nueva travesía en la que ahora se encuentra. Le ha permitido construir su casa de ensueño en el agua, a la que apenas recientemente se mudó. Le ha permitido conservar a sus hijos en sus colegios privados y permanecer con sus amistades. Le ha permitido dejar a sus hijas hacer lo que más le gusta—las clases de baile. Le ha permitido trabajar medio tiempo para poder equilibrar su tiempo, entre ganar un ingreso y ser mamá. Y le ha permitido viajar, los últimos dos años seguidos, con sus hijas, a destinos que antes sólo habían imaginado.

También le permite a su hija mayor vivir sus propios sueños; este verano está estudiando y entrenando para ser una bailarina de ballet en una reconocido escuela en la ciudad de Nueva York. Pero, lo más importante es que le ha permitido a su familia seguir viviendo en su ausencia, y vivir la vida que soñaron en lugar de perderlo a él y además todos los sueños de su vida, el día que el se fue—su legado ahora también vivirá para siempre.

Este tiempo tan doloroso le ha dado mucha claridad al propósito de mi vida y de por qué me apasiona tanto esta industria y lo importante que es mi papel en mi comunidad. Les pido que me apoyen en mi búsqueda de propagar la conciencia sobre la importancia del seguro de vida a todas tus amistades y familia, así como a tus clientes, porque les puedo garantizar personalmente que no te gustaría ver a tus amigos cercanos o tu familia tener que lidiar con la pérdida de un ser amado, y luego verles tener que vender la casa y perder su estilo de vida debido a un desafortunado gaje del destino y sin protección.

Antes de esta experiencia, a mí tampoco me gustaba a hablar mucho sobre el tema de los seguros de vida, cuando estaba con amigos y familia; me parecía que era como ser demasiado insistente. Eso no es el caso.

Ya he visto lo que hay del otro lado. Con frecuencia pienso en lo distinto que sería la vida de la viuda de mi mejor amigo, si jamás hubiera platicado con él al respecto, y me siento orgulloso de que lo hice.

Tu puedes ayudar a cambiar vidas y a hacer la diferencia gracias a esta industria y es una gran bendición ser parte de ella. Pero asegúrate de levantar la voz, habla fuerte y con orgullo para cerciorarte de que toda la gente que existe en tu vida, sepan a qué te dedicas y porque te apasiona lo que haces, y que si platicas con ellos al respecto es porque ellos y ellas son muy importantes para ti. Y si te lo permiten, tú podrías algún día, hacer una auténtica diferencia en sus vidas. También es muy importante realizar tus revisiones anuales para cerciorarte de que los niveles de cobertura sean suficientes. Había realizado una revisión con mi amigo seis meses antes de su fallecimiento, y aumenté sus niveles en ese tiempo, cosa por lo que su esposa está muy agradecida. El valor de su cobertura puede sentirse como no más que una cifra, pero cuando te marchas, ese cheque se convierte en mucho más—permite la continuidad de la vida cuando alguien nos es arrebatado.

Una de las cosas que más me gusta decirles a mis amigos es: “¿Sabes cuándo es el mejor momento de adquirir un seguro de vida? Justo en la víspera de que lo necesites, por supuesto.” Pero, como no se nos da un avance sobre cuándo ocurrirá eso, no hay momento como el presente para asegurarte de dejarle a tu familia el regalo más importante que podrían recibir el día en que tú ya no estuvieras.

Espero que mi historia les haya ayudado a tomar conciencia de que han tomado una decisión que cambiará la vida para ti y parta tus clientes, al ser un asesor en esta industria.

Roy Hall, ADFP, De Gold Coast, Queensland, Australia, ha sido miembro de MDRT por 12 años, habiendo calificado cinco veces en Court of the Table y siete en Top of the Table. Como voluntario en MDRT, Hall ha servido como Vicepresidente de la División de Desarrollo de Negocios, y como Director de Comité en tres ocasiones. Como benefactor de la Fundación MDRT, anhela compartir su momento más definitorio en esta industria, con su muy personal experiencia como orador en MDRT Habla.

 

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